martes, 23 de septiembre de 2008
3.- La llegada
A 30 millas de distancia pude divisar la pequeña mole hacia donde nos dirigíamos. Esas dos protuberancias que se distinguían a lo lejos debían ser el Pico Queen Mary y el Monte Olav. No eran grandes montañas -apenas dos mil metros de altura- pero su situación enmedio del Océano Atlántico en una isla tan pequeña y aislada que las cámaras de los satélites apenas podían compensar su falta de resolución, hacía que solo verlas se te pusiesen los pelos de punta. Quizá no era la visión de esos conos volcánicos lo que provocaba impresión. Seguramente los días y meses que hacía que Nieves dejó su casa hasta conseguir pasaje para poder venir aquí, las dificultades superadas, el papeleo imposible, la adaptación a una forma de vida totalmente diferente a la que había llevado hasta ahora, sumado a la extraña perspectiva que ofrecía la vida en Tristan Da Cunha, quizá todo eso era lo que la carcomía por dentro. Era en realidad auténtico miedo, nervios, sensación de vacío en el estómago, inquietud.
jueves, 29 de mayo de 2008
1.- Una ombra fosca com un núvol de tempesta
Cuando Nieves miró por la ventana ya había empezado a nevar. Esto sucede siempre que hace frío o mucho frío y nubes oscuras pueblan el cielo. Hay veces en que no sucede y simplemente llueve o cae agua-nieve, pero en estas alturas lo más normal es que empiece a nevar.
Es curioso cómo los días pasan a través de las ventanas. Nuestra primera imagen del día suele ser a través de una ventana, nuestro marco particular, y a partir de aquí todo empieza a rodar.
Esto era lo que pensaba Nieves viendo la nieve caer mientras mareaba insistentemente una cucharilla dentro de una taza de café. Hoy llegaría tarde al trabajo puesto que el cielo le había dado la oportunidad de tener una excusa inmejorable. La nieve, el trabajo, el trayecto hacia el trabajo, el coche, la nieve, el coche en la carretera, la carretera y la nieve, la nieve... Todo venía que ni pintado para evitar pasar por el trauma diario de volver a la oficina. Era nieve liberadora. El precio de un día de tiempo libre fuera del horrible tedio de la rutina, aunque no hiciese nada, era altísimo, y ese gasto lo estaba sufragando la misma nieve que veía caer a través de la ventana. Hoy ese marco, esa imagen inciática del día aderezada con un café parecía sonreir.
Quien no parecía sonreir era su jefe al teléfono, Nieves había preparado un poco su actuación dejando abiertas las ventanas del garaje y el coche encendido simulando estar enmedio de la calle con el coche atrapado sin cadenas.
- "¿Tú tampoco vas a venir? Acaban de llamar Sara y también David diciendo que no pueden venir por problemas con el tráfico."
- "¿Si? Bueno, yo no puedo saber qué les ha pasado a ellos, pero lo cierto es que están las calles muy difíciles y no veo cómo..."
-"¡Bueno, bueno! No te preocupes, no hace falta que me des explicaciones, está claro que es un día extraño, así que no te preocupes. Haz una cosa, intenta llegar a la oficina si puedes -quizás funcionen los autobúses- y si no pues mira, son cosas que pasan. Si este maldito país funcionase de otra manera seguro que en breve tendríamos máquinas quitanieves limpiando las carreteras, pero esto no es Alemania, así que qué se le va a hacer."
Nieves pensó en las máquinas quitanieves...
-"Bueno, la verdad es que aún no se como voy a sacar el coche de aquí, pero intentaré dar la vuelta y volver a casa. Luego me dirigiré a la parada del bus i veré si me puedo acercar, ¿ok?"
-"Perfecto, te espero aquí y si veo que no vienes pues ya nos veremos mañana ¿Recuerdas que el próximo hito de tu proyecto es la semana que viene, no? ¿Crees que este día puede afectar a la fecha de entrega? Espero que no..."
"¿Hito? -pensó Nieves- ¿se referirá al milestone, no? Que manía tiene este tontaina de traducir cosas que no hace falta traducir... hito suena a pito, a gorgorito, a gorrito, a tontito... "
- "Tranquilo Mario, ese proyecto lo tengo muy bien encarrilado y no creo que vaya a haber ningún tipo de problema, no te preocupes."
-"En ese caso no te digo más. Nos vemos luego y si no pues mira, en casa a ver la nieve caer y hasta mañana. Venga, hasta luego."
-"Hasta luego Mario."
Ni por asomo iba a ir a la oficina, ni tan siquiera iba a intentar lo de los autobuses... Ese proyecto estaba atrasado, atrasadísimo, más aún ese proyecto estaba muerto, pero le daba absolutamente lo mismo, aunque hoy hubiese podido ir a la oficina hubiese seguido atrasadísimo por culpa de su dejadez. Este punto era algo que la preocupaba ligeramente, la dejadez in crescendo que se iba apoderando de su persona, la lentitud con que cada vez más efectuaba sus tareas en aquella maldita oficina. Ya lo había hablado con Mario, y él mismo sabía que el ambiente en aquel despacho no era el más motivante del mundo. Proyectos monótonos y grises eran todo lo que hacían últimamente, uno tras otro... Lo que años atrás parecía una ocupación creativa e interesante, se había vuelto con el tiempo (y con la experiencia, que corrompe) algo aburridísimo, pesado y mecánico... una mierda vamos. Un asco de trabajo que la volvía una funcionaria más, solo dedicada a ir pasando el tiempo intentando que cada mes el dinero suficiente para sobrevivir entrase en su delgadita cuenta corriente.
Apuró su café con leche y se volvió a la cama.
Qué bonitos son los cambios de tiempo repentinos. Son como una escoba barriendo la atmósfera. El aire se vuelve más frío y por ende parece más limpio... ¿Qué iba a hacer hoy? Nieves era una de esas personas incapaces de quedarse sentadas sin hacer nada; aunque no quisiese ir a trabajar eso no quería decir que no quisiese aprovechar bien su tiempo... Aunque ya lo estaba aprovechando, no le venía nada mal un sueñecito extra, cuatro vueltas más retozando en la cama... pero... ¿qué iba a hacer hoy? Le gustaba pasear por la montaña, pero eso iba a ser difícil hoy, también le gustaba leer, pero no tenía ninguna novela empezada y lo que seguro no quería era empezar una nueva que quizás no le gustase; ¿podría ir al gimnasio? mmm... mejor no, son bastante aburridos...
Cuando Nieves pisó la calle, no lo hizo sin dejar huella en esa nieve recién caída, fresca. Todo el barrio parecía cubierto por un manto blanco y no se veía prácticamente a nadie por las aceras. Solo algunos coches de conductores atrevidos iban de vez en cuando pasando lentamente. Nieves se dirigió a la parada del autobús donde esperaba coger uno que la llevase al centro, pero por mas tiempo que esperó ningún bus hizo acto de presencia. Como se había calzado adecuadamente para no pasar frío en los pies, decidió ir andando en dirección al centro, ya que al fin y al cabo Splitter no era un pueblo grande y todo quedaba más o menos cerca.
Es curioso cómo los días pasan a través de las ventanas. Nuestra primera imagen del día suele ser a través de una ventana, nuestro marco particular, y a partir de aquí todo empieza a rodar.
Esto era lo que pensaba Nieves viendo la nieve caer mientras mareaba insistentemente una cucharilla dentro de una taza de café. Hoy llegaría tarde al trabajo puesto que el cielo le había dado la oportunidad de tener una excusa inmejorable. La nieve, el trabajo, el trayecto hacia el trabajo, el coche, la nieve, el coche en la carretera, la carretera y la nieve, la nieve... Todo venía que ni pintado para evitar pasar por el trauma diario de volver a la oficina. Era nieve liberadora. El precio de un día de tiempo libre fuera del horrible tedio de la rutina, aunque no hiciese nada, era altísimo, y ese gasto lo estaba sufragando la misma nieve que veía caer a través de la ventana. Hoy ese marco, esa imagen inciática del día aderezada con un café parecía sonreir.
Quien no parecía sonreir era su jefe al teléfono, Nieves había preparado un poco su actuación dejando abiertas las ventanas del garaje y el coche encendido simulando estar enmedio de la calle con el coche atrapado sin cadenas.
- "¿Tú tampoco vas a venir? Acaban de llamar Sara y también David diciendo que no pueden venir por problemas con el tráfico."
- "¿Si? Bueno, yo no puedo saber qué les ha pasado a ellos, pero lo cierto es que están las calles muy difíciles y no veo cómo..."
-"¡Bueno, bueno! No te preocupes, no hace falta que me des explicaciones, está claro que es un día extraño, así que no te preocupes. Haz una cosa, intenta llegar a la oficina si puedes -quizás funcionen los autobúses- y si no pues mira, son cosas que pasan. Si este maldito país funcionase de otra manera seguro que en breve tendríamos máquinas quitanieves limpiando las carreteras, pero esto no es Alemania, así que qué se le va a hacer."
Nieves pensó en las máquinas quitanieves...
-"Bueno, la verdad es que aún no se como voy a sacar el coche de aquí, pero intentaré dar la vuelta y volver a casa. Luego me dirigiré a la parada del bus i veré si me puedo acercar, ¿ok?"
-"Perfecto, te espero aquí y si veo que no vienes pues ya nos veremos mañana ¿Recuerdas que el próximo hito de tu proyecto es la semana que viene, no? ¿Crees que este día puede afectar a la fecha de entrega? Espero que no..."
"¿Hito? -pensó Nieves- ¿se referirá al milestone, no? Que manía tiene este tontaina de traducir cosas que no hace falta traducir... hito suena a pito, a gorgorito, a gorrito, a tontito... "
- "Tranquilo Mario, ese proyecto lo tengo muy bien encarrilado y no creo que vaya a haber ningún tipo de problema, no te preocupes."
-"En ese caso no te digo más. Nos vemos luego y si no pues mira, en casa a ver la nieve caer y hasta mañana. Venga, hasta luego."
-"Hasta luego Mario."
Ni por asomo iba a ir a la oficina, ni tan siquiera iba a intentar lo de los autobuses... Ese proyecto estaba atrasado, atrasadísimo, más aún ese proyecto estaba muerto, pero le daba absolutamente lo mismo, aunque hoy hubiese podido ir a la oficina hubiese seguido atrasadísimo por culpa de su dejadez. Este punto era algo que la preocupaba ligeramente, la dejadez in crescendo que se iba apoderando de su persona, la lentitud con que cada vez más efectuaba sus tareas en aquella maldita oficina. Ya lo había hablado con Mario, y él mismo sabía que el ambiente en aquel despacho no era el más motivante del mundo. Proyectos monótonos y grises eran todo lo que hacían últimamente, uno tras otro... Lo que años atrás parecía una ocupación creativa e interesante, se había vuelto con el tiempo (y con la experiencia, que corrompe) algo aburridísimo, pesado y mecánico... una mierda vamos. Un asco de trabajo que la volvía una funcionaria más, solo dedicada a ir pasando el tiempo intentando que cada mes el dinero suficiente para sobrevivir entrase en su delgadita cuenta corriente.
Apuró su café con leche y se volvió a la cama.
Qué bonitos son los cambios de tiempo repentinos. Son como una escoba barriendo la atmósfera. El aire se vuelve más frío y por ende parece más limpio... ¿Qué iba a hacer hoy? Nieves era una de esas personas incapaces de quedarse sentadas sin hacer nada; aunque no quisiese ir a trabajar eso no quería decir que no quisiese aprovechar bien su tiempo... Aunque ya lo estaba aprovechando, no le venía nada mal un sueñecito extra, cuatro vueltas más retozando en la cama... pero... ¿qué iba a hacer hoy? Le gustaba pasear por la montaña, pero eso iba a ser difícil hoy, también le gustaba leer, pero no tenía ninguna novela empezada y lo que seguro no quería era empezar una nueva que quizás no le gustase; ¿podría ir al gimnasio? mmm... mejor no, son bastante aburridos...
Cuando Nieves pisó la calle, no lo hizo sin dejar huella en esa nieve recién caída, fresca. Todo el barrio parecía cubierto por un manto blanco y no se veía prácticamente a nadie por las aceras. Solo algunos coches de conductores atrevidos iban de vez en cuando pasando lentamente. Nieves se dirigió a la parada del autobús donde esperaba coger uno que la llevase al centro, pero por mas tiempo que esperó ningún bus hizo acto de presencia. Como se había calzado adecuadamente para no pasar frío en los pies, decidió ir andando en dirección al centro, ya que al fin y al cabo Splitter no era un pueblo grande y todo quedaba más o menos cerca.
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