martes, 23 de septiembre de 2008

3.- La llegada

A 30 millas de distancia pude divisar la pequeña mole hacia donde nos dirigíamos. Esas dos protuberancias que se distinguían a lo lejos debían ser el Pico Queen Mary y el Monte Olav. No eran grandes montañas -apenas dos mil metros de altura- pero su situación enmedio del Océano Atlántico en una isla tan pequeña y aislada que las cámaras de los satélites apenas podían compensar su falta de resolución, hacía que solo verlas se te pusiesen los pelos de punta. Quizá no era la visión de esos conos volcánicos lo que provocaba impresión. Seguramente los días y meses que hacía que Nieves dejó su casa hasta conseguir pasaje para poder venir aquí, las dificultades superadas, el papeleo imposible, la adaptación a una forma de vida totalmente diferente a la que había llevado hasta ahora, sumado a la extraña perspectiva que ofrecía la vida en Tristan Da Cunha, quizá todo eso era lo que la carcomía por dentro. Era en realidad auténtico miedo, nervios, sensación de vacío en el estómago, inquietud.